Founder

Casa de Moda Tinglar - Historia
Shirley Balvin

Shirley Balvin Fundadora, CEO & Directora Creativa

Vestidos con esencia, proyectados y creados con detalle para que seas la protagonista.

En Casa de Moda Tinglar cada vestido nace de una pregunta esencial:

Shirley Balvin lleva más de una década transformando esa sensación en forma, tela y movimiento. Su camino comenzó mucho antes de los vestidos de gala, en el estudio profundo del cuerpo femenino, sus ritmos y su verdad.

Hoy, en Casa de Moda Tinglar, cada vestido nace del encuentro entre técnica y emoción, entre experiencia y deseo. Aquí no se imponen siluetas ni se persiguen tendencias: se acompaña a la mujer a reconocerse.

"Todo comienza con una sensación.
Esa certeza íntima de saber que lo que buscas no existe… todavía."
Este espacio no es una tienda.
Es un lugar donde las historias se visten.

POR QUÉ

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CÓMO

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PARA QUÉ

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Shirley Balvin es diseñadora, empresaria y fundadora de Casa de Moda Tinglar. Su historia no comienza con vestidos de gala, sino con una convicción profunda: la ropa tiene el poder de transformar la manera en que una mujer se siente consigo misma.

Nacida y criada en Cali, Colombia, Shirley llega a Puerto Rico en el año 2014 en una etapa decisiva de su vida. En Colombia había estudiado Comercio Exterior, y al establecerse en la isla convalidó sus créditos para continuar su formación en Economía en la Universidad de Puerto Rico. Más que un trámite académico, fue un acto de curiosidad: quería entender la economía local, su estructura y sus posibilidades.

Fue en una clase llamada Empresarismo donde su camino tomó forma. Como parte del curso, los estudiantes debían desarrollar una marca propia desde cero, entendiendo la lógica real de crear empresa. Apasionada por la moda y profundamente conectada con la ropa deportiva —que en ese momento era su forma natural de vestir, de moverse y de vivir— Shirley comenzó a darle identidad a su primera marca.

Durante unas vacaciones viajó a Colombia y tomó una decisión que marcaría su trayectoria: invertir en un taller de confección y lanzarse a producir prendas a gran escala. Aquella etapa se convirtió en uno de los aprendizajes más valiosos de su vida. De la mano de patronistas, diseñadores, asesores y equipos técnicos, aprendió profundamente sobre producción, textiles, escalado, control de calidad y estructura industrial. Descubrió que la producción no era solo una etapa del proceso creativo: era una de sus grandes pasiones.

La ropa deportiva fue su punto de partida natural. En ese momento, el activewear aún no era una tendencia global, pero Shirley ya lo vivía como moda. Lo combinaba, lo usaba para todo, lo reinterpretaba. Las personas a su alrededor lo notaban y le decían constantemente: “¿Por qué no vendes eso?”, “Eso que usas es diferente.”, “Eso te queda increíble.”

Esa validación espontánea, sumada a su estilo de vida activo y su amor por el deporte, la impulsaron a consolidar esa línea. Pero lo que realmente diferenció su trabajo fue su exigencia. Shirley no estaba dispuesta a diseñar prendas frágiles, incómodas o que no favorecieran el cuerpo real de la mujer. Inició entonces una investigación profunda sobre textiles con tecnología inteligente: telas que resistieran el uso y el lavado, que no marcaran imperfecciones, que ayudaran a moldear la figura, que ofrecieran control UV —fundamental para la vida en una isla— y que acompañaran el cuerpo con dignidad y seguridad.

El resultado fue una ropa deportiva que transformaba la experiencia de quien la usaba. Las mujeres no solo se veían bien: se sentían seguras. Podían entrenar, salir, viajar o simplemente vivir su día con la tranquilidad de llevar una prenda que las representaba. Ver esa transformación fue profundamente gratificante para Shirley.

Para ella, la seguridad no tiene que ver con perfección. Tiene que ver con ese momento en el que una mujer deja de juzgarse, deja de criticarse y se reconoce bella tal como es. Es ponerse una prenda y decir: “Esta soy yo. Así quiero proyectarme.”

Esa sensación —de poder, de presencia y de autenticidad— se convirtió en uno de los pilares más importantes de su trabajo. A lo largo de su vida, Shirley también ha vivido en su propio cuerpo lo que muchas mujeres sienten: cambios de peso, frustración al no encontrar tallas, el deseo de resaltar ciertas partes y cubrir otras. Esa experiencia personal le permitió comprender algo esencial: cada mujer conoce su cuerpo mejor que nadie. Sabe qué quiere mostrar, qué prefiere disimular y cómo desea sentirse.

Muchas marcas no entienden esa realidad. Diseñan para cuerpos idealizados, no para cuerpos reales. Por eso, Shirley decidió que su siguiente paso sería crear un espacio donde las mujeres pudieran decir sin miedo: “Quiero esto así.”, “Quiero mostrar aquí y cubrir allá.”, “Quiero sentirme yo.”

Así nació, de forma natural, la evolución hacia Casa de Moda Tinglar. El paso de la ropa deportiva a los vestidos de gala no fue una ruptura, sino una continuidad. Durante años, Shirley había trabajado profundamente el patronaje femenino a través de prendas técnicas como las fajas, entendiendo la anatomía, el soporte y la estructura del cuerpo. Esa base sólida hizo que el mundo de los vestidos fluyera de manera orgánica. Cada textil tenía su propio lenguaje, su caída y su carácter, y aprender a escucharlos fue un proceso apasionante.

Hoy, Shirley se define fuera del rol de diseñadora como una mujer disciplinada, exigente, perfeccionista y profundamente perseverante. Es una madre enamorada de su hijo, una mujer activa, alegre, acelerada a veces, pero constante y comprometida con cada reto que se propone. Cree firmemente que si algo existe en su mente, es porque puede crearse.

Su forma de trabajar está guiada por valores claros: perseverancia, responsabilidad, cumplimiento y una actitud profundamente positiva frente a la vida. No concibe su trabajo como sacrificio, porque lo que hace la hace feliz. Para ella, diseñar, producir y crear no es trabajo: es una extensión natural de su esencia.

Cuando una mujer agenda una consultoría con Shirley, ella asume una responsabilidad clara: escuchar. Escuchar sin juicio, con sinceridad y con atención plena. Su objetivo no es convencer, ni vender a toda costa. Su objetivo es que la mujer salga de ese encuentro con claridad, seguridad y tranquilidad, incluso si decide no hacer su vestido con ella. Si siente que no es la persona indicada para un diseño específico, lo dice con honestidad y recomienda a quien pueda hacerlo mejor.

En el proceso creativo, Shirley disfruta cada etapa, pero el atelier ocupa un lugar especial en su corazón. Para ella, el taller es un espacio vivo, casi mágico. Trabaja con un equipo que considera familia, mujeres con las que ha construido una relación de años, aprendizaje y evolución constante.

En Casa de Moda Tinglar, ningún vestido carece de calidad. La elección de textiles, insumos, acabados y el fit son innegociables. Cada diseño se piensa desde el cuerpo real de la mujer, entendiendo que todas somos distintas y que todas somos hermosas. El objetivo siempre es el mismo: resaltar los atributos únicos de cada cuerpo con respeto y sensibilidad.

Shirley ama viajar, hacer ejercicio, compartir con amigos y disfrutar la tranquilidad de su hogar. Es una persona abierta, empática y con una mente amplia, capaz de conectar con todo tipo de personas. Nunca ha sentido rechazo por energías distintas; prefiere comprender antes que juzgar.

Después de tantos años, sigue haciendo esto porque es su pasión. Hoy siente que ha llegado a un momento de plenitud: la técnica, la producción y la conexión humana se encontraron en un mismo lugar. Diseñar vestidos a medida le permite dar más de sí misma y acompañar a las mujeres en momentos irrepetibles de sus vidas.

Lo que desea que una mujer recuerde, años después, no es solo el vestido, sino cómo se sintió. Que al ver una foto diga: “Qué linda estaba ese día.” Que ese recuerdo esté cargado de seguridad, alegría y autenticidad. Ese es el propósito de Shirley Balvin. Ese es el corazón de Casa de Moda Tinglar.

Creo profundamente que toda mujer merece sentirse segura en su propio cuerpo.

No perfecta. No ajustada a una talla.

Sino auténtica, tranquila y representada.

Diseño porque crear me conecta con el arte, con la emoción y con la posibilidad de transformar cómo una mujer se ve y se siente en un momento irrepetible de su vida.

Diseño porque un vestido puede ser silencio, fuerza y memoria al mismo tiempo.

Creo desde la escucha.

Desde el respeto por el cuerpo real.

Desde la técnica, el patronaje, la experiencia y el conocimiento profundo de los textiles.

No impongo tendencias ni siluetas.

Acompaño procesos.

Trabajo con calma, con sensibilidad y con un equipo que entiende que cada vestido es único porque cada mujer lo es.

Para mí, la calidad, el ajuste y la honestidad en el proceso no son negociables.

Casa de Moda Tinglar existe para crear vestidos que no solo se usen, sino que se recuerden.

Para acompañar a mujeres en momentos importantes de su vida.

Para que, años después, al ver una foto, puedan decir:

“Ese día me sentía hermosa. Ese día era yo.”

No diseñamos solo prendas.

Diseñamos tranquilidad, confianza y memoria.